De las Escrituras de Hoy: “Yo les aseguro que verán el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre”. — Juan 1, 51.
Hoy celebramos a los arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, y esta fiesta me recuerda que nuestra vida no se limita a lo que podemos ver o controlar. Dios sigue actuando en lo profundo, muchas veces de manera silenciosa, acompañando procesos que todavía no comprendemos.
Miguel me recuerda que no tengo que enfrentar sola las luchas de la vida. Gabriel me recuerda que Dios entra en nuestra historia y puede llamarnos a través de una palabra, una persona o una situación inesperada. Rafael me recuerda que también las heridas forman parte del camino de sanación y que Dios no abandona a quienes atraviesan momentos difíciles.
En mi misión de acompañar, necesito recordar que no soy yo quien transforma la vida de los demás. Puedo escuchar, orientar, sostener y caminar junto a alguien, pero es Dios quien obra en el corazón. Mi tarea es ser una presencia disponible y humilde. No caminamos solos. Dios nos sostiene y también nos envía personas que se convierten en signos de su cuidado.
Hoy me pregunto, ¿Confío en que Dios está actuando, incluso cuando no veo resultados inmediatos en mi vida o en la de quienes acompaño?
Oremos: Señor, gracias porque nunca me abandonas. Cuando tenga miedo, recuérdame que tu fuerza es mayor que aquello que enfrento. Cuando acompañe a alguien, ayúdame a no querer ocupar tu lugar, sino a ser una presencia que escucha, sostiene y conduce hacia ti. Amén.

La autora de hoy es Daisy Torres, quien colabora con Glenmary en la evangelización y el ministerio hispano en el este de Carolina del Norte.



