De las Escrituras de hoy: “Nadie echa vino nuevo en odres viejos; de lo contrario, los odres revientan, el vino se derrama y los odres se arruinan”. —Mt 9, 16.
Respondí que sí a la llamada: “Ven, sígueme”. Fui a donde no sabía y nunca volví a ser la misma. Competir, salir adelante y mantenerme en la cima ya no dominan mi alma, ni consumen mi corazón, ni disminuyen mi alegría. Esta transformación me dejó en un estado de santo asombro y paz interior.
Comencé a trabajar consciente de que, aunque lo que hago sirve a nuestro mundo, la esencia de todo cuanto realizo es mi manera de estar en el mundo. Llegué a un punto en el que mi profunda alegría se encontró con las profundas necesidades del mundo. Retomar el ascenso en la escala corporativa significa volver al mundo del adicto al trabajo —una figura popularmente admirada y valorada—, donde lo único que cuenta son los resultados. Lamentablemente, un ataque al corazón suele ser la llamada de atención para bajar el ritmo y reevaluar lo que es esencial en la vida.
Oremos: Señor, ayúdanos a aceptar, acoger y agradecer todo lo que tenemos ahora.

La autora de hoy es Linda Crisostomo, evangelizadora laica de Glenmary que presta servicio en el condado de Martin, Carolina del Norte.
