De las Escrituras de hoy: “‘Los discípulos lo despertaron, diciéndole: ‘Señor, ¡sálvanos, que perecemos!’”. —Mt 8, 25.
Vi un cuadro decorativo que decía: “Dios, ¿dónde estás? ¿Quién se movió?”. Es innegable que experimentamos una deshidratación espiritual. La tentación es buscar la hidratación en el pozo equivocado. Nos sentimos perdidos y declaramos que Dios está “ausente”, como en la dramática escena del sepulcro vacío. En la Pascua nos alegramos por Cristo resucitado; celebramos. Sin embargo, ¿quiénes somos nosotros en la historia de la Resurrección? Nuestro pozo de fe debe rebosar, no secarse.
Celebremos la Pascua no solo por un día: el tiempo pascual es una forma de vida, una peregrinación que dura toda nuestra vida espiritual, y su hidratación espiritual depende de cómo nos relacionamos unos con otros. Se nos invita a reconocer a Cristo en el prójimo; cualquier persona a la que rechacemos es un pozo desaprovechado, un mensaje perdido en nuestra vida.
Oremos: Señor, ayúdanos a estar atentos a los mensajes que hemos pasado por alto.

La autora de hoy es Linda Crisostomo, evangelizadora laica de Glenmary que presta servicio en el condado de Martin, Carolina del Norte.
