De las Escrituras de hoy: “Tomás le dijo: ‘Maestro, no sabemos a dónde vas; ¿cómo podemos saber el camino?’. Jesús le respondió: ‘Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie llega al Padre sino por mí’”. —Jn 14, 5-6.
¿Acaso sorprende que la descripción más antigua del cristianismo fuera la del “Camino”? Este mismo título parece responder a tantas preguntas que nos planteamos en la vida. ¿Con qué frecuencia buscamos guías en la vida? Jesús no es solo ese guía, sino el camino mismo. ¿Con qué frecuencia buscamos hallar un sentido a la vida? Jesús no solo otorga sentido, sino que da vida. ¿Con qué frecuencia deseamos conocer la verdad? Jesús nos recuerda que Él, en su propio ser, es la Verdad.
Como seguidores del Camino, los cristianos llegamos al Padre a través del Camino (y de la Verdad y la Vida): Jesús. La propia Palabra de Dios se pronuncia tanto en la creación del mundo como en su recreación. Perseveremos en este Camino para que podamos vivir en comunión con el Padre, por medio de su Hijo y en el Espíritu Santo.
Oremos: Santísima Trinidad, ayúdanos mientras recorremos el Camino. Por medio de tu Santo Espíritu, que nos asiste, y de tu Palabra, que nos guía, transfórmanos a tu imagen para que seamos reconocidos como seguidores del Camino.

El autor de hoy es Nathan Smith, director de Ecumenismo de Glenmary y consultor de los obispos católicos de los Estados Unidos.
