De las Escrituras de hoy: “Yo soy el buen pastor; conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí, así como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre; y doy mi vida por las ovejas”. —Jn 10, 14-15.
¿Cómo conocemos a Cristo? Aquí, Jesús habla de que sus seguidores lo conocen tal como el Padre conoce al Hijo y el Hijo conoce al Padre. ¿En qué consiste este conocimiento? Parece ir más allá de un simple reconocimiento. Aunque la confesión de Pedro de que Cristo es el “Hijo del Dios vivo” es una forma —una forma importante— de conocimiento, parece que aquí Cristo se refiere a algo más profundo.
Quizás la clave se encuentre en la frase final: “Doy mi vida por las ovejas”. Se trata de un tipo de conocimiento que se expresa en el amor, mediante la entrega de la propia vida. Este amor es también el vínculo que une a la Trinidad y es lo que escuchamos en la primera epístola de Juan: que Dios es amor. Resulta extraordinario observar aquí que este conocimiento es, en realidad, un acto de amor que nos une a la Trinidad. En cierto modo, Dios hace espacio dentro de sí mismo —en su amor— para redimir al mundo, a fin de que Dios sea “todo en todos”.
Oremos: Señor, únenos a ti por medio de tu gracia y de tu amor. Permítenos discernir hoy tu llamado en nuestras vidas y responder con amor a todas las personas que encontremos.

El autor de hoy es Nathan Smith, director de Ecumenismo de Glenmary y consultor de los obispos católicos de los Estados Unidos.
