De las Escrituras de hoy: “‘La paz les dejo, mi paz les doy. No se la doy como la da el mundo. No pierdan la paz ni se acobarden’”. —Jn 14, 27.
La paz es muy difícil de alcanzar, y aún más difícil de mantener por un periodo prolongado. Como madre de tres varones, eran muy pocos los momentos de paz a lo largo del día en nuestra casa. Y aunque han pasado muchas décadas desde aquella etapa de mi vida, el ruido del mundo —las preocupaciones, las luchas, los miedos que me rodean— todavía puede irrumpir en mi búsqueda de momentos de paz.
La verdadera paz —esa paz que Jesús promete, esa paz que no es de este mundo— puede hallarse infaliblemente en Él. Entrar en el silencio de una iglesia durante la Adoración Eucarística siempre me deja sin aliento. El don de la paz que allí se encuentra, junto a Jesús, es vivificante y transformador. Esa paz nos aguarda en el don de la Eucaristía, en cada Misa. Es nuestra si abrimos nuestros corazones y dejamos entrar a Jesús.
Oremos: Jesús, gracias por tu presencia en el Santo Sacramento de la Eucaristía y por la paz que surge al abrir mi corazón a tu amor. No tengo miedo, pues deposito mi confianza en Ti.

La autora de hoy es Chris Phelps, directora de Desarrollo de Misioneros Católicos Glenmary.
