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LA POSICIÓN DE LA IGLESIA ANTE LA MIGRACIÓN

El padre Dan se divierte con niños y adultos en el Festival de la Misericordia, que se celebra cada año en Glenmary.

— Por el padre Dan Dorsey, presidente de Glenmary.

En la parábola del buen samaritano, el doctor de la ley le pregunta a Jesús: “¿Y quién es mi prójimo?” (Lucas 10, 29).

El Papa Benedicto XVI escribió lo que creo que es una de las encíclicas más profundas y conmovedoras que he leído: Deus Caritas Es, “Dios es Amor” (25 de diciembre de 2005). En esa enseñanza de la Iglesia, el papa Benedicto reflexiona desde una perspectiva religiosa y teológica sobre esa misma pregunta que el doctor de la ley le hizo a Jesús.

Hoy en día, el tema y los cuestionamientos sobre la inmigración están a la vanguardia de nuestro debate político y secular. A través del prisma de nuestra fe en Jesucristo, también es una pregunta clave: ¿Quién es mi prójimo? Sospecho que los lectores de esta columna tienen diferentes convicciones y opiniones al respecto.

En Glenmary, el tema de la inmigración nos afecta de una manera muy personal, tanto por aquellos a quienes servimos en nuestras misiones como por nuestros misioneros de Glenmary que son de Kenia, Uganda y México.

El papa Benedicto nos recordó como católicos que la naturaleza más profunda de la Iglesia se expresa en su triple responsabilidad:

  • El anuncio de la palabra de Dios,
  • La celebración de los sacramentos,
  • El servicio de la caridad (#25a).

Estos deberes son inseparables.

“Los migrantes, como todas las personas, poseen una dignidad humana que debe ser respetada”.

Para la Iglesia, la caridad (amor al prójimo) no es un tipo de actividad de bienestar social que bien podría dejarse a otros. Más bien, es una parte de nuestra naturaleza, una expresión indispensable del ser mismo de la Iglesia. Jesús nos muestra el camino para amar a nuestro prójimo. La Biblia lo proclama.

En Dios y con Dios, Jesús nos urge amar incluso a la persona que no nos gusta o que ni siquiera conocemos.

Esto sólo puede llevarse a cabo a partir del encuentro íntimo con Dios, un encuentro que se ha convertido en comunión de voluntad, llegando a implicar el sentimiento (# 18). Cuando abrazo esta comunión, aprendo a mirar a esta otra persona no ya sólo con mis ojos y sentimientos, sino desde la perspectiva de Jesucristo. Su amigo es mi amigo. Más allá de la apariencia exterior del otro descubro su anhelo interior de un gesto de amor, de atención: el deseo de Dios (# 18).

Entonces, ¿quién es mi prójimo cuando hablamos del tema de la inmigración y el debate político? Buscamos la guía de la Iglesia. Estos son los principios de nuestra enseñanza de la Iglesia Católica sobre la migración que pueden ayudarnos:

  1. Las naciones soberanas tienen derecho a controlar sus fronteras. La Iglesia reconoce el derecho de las naciones soberanas a controlar sus territorios, pero rechaza dicho control cuando se extiende simplemente para adquirir riqueza adicional.
  2. Los refugiados y solicitantes de asilo deben recibir protección. Aquellos que huyen de las guerras y la persecución deben ser protegidos por la comunidad mundial.
  3. Las personas tienen derecho a encontrar oportunidades en su patria. Todas las personas tienen derecho a encontrar en sus países las oportunidades económicas, políticas y sociales para vivir con dignidad y lograr una vida plena mediante el uso de los dones que Dios les ha dado.
  4. Las personas tienen derecho a migrar para mantenerse a sí mismas y a sus familias. La Iglesia reconoce que los bienes de la tierra pertenecen a todas las personas.
  5. Deben respetarse la dignidad humana y los derechos humanos de los migrantes indocumentados. Independientemente de su condición jurídica, los migrantes, como todas las personas, poseen una dignidad humana que debe ser respetada.

Mi propósito al escribir esta columna es mover a cada uno de nosotros de una posición que es política y abstracta a una posición que comienza y termina con nuestra fe en Jesucristo y su mandamiento de amar a nuestro prójimo.

Concluyo con la oración al final de la encíclica del papa Benedicto. Arrodillémonos al pie de la cruz y pidamos orientación a nuestra Santísima Madre:

“Santa María, Madre de Dios, tú has dado al mundo la verdadera luz, Jesús, tu Hijo, el Hijo de Dios. Te has entregado por completo a la llamada de Dios y te has convertido así en fuente de la bondad que mana de Él. Muéstranos a Jesús. Guíanos hacia Él. Enséñanos a conocerlo y amarlo, para que también nosotros podamos llegar a ser capaces de un verdadero amor y ser fuentes de agua viva en medio de un mundo sediento. Amén”.

Glenmary Farm

at Joppa Mountain
1943 Joppa Mountain Road
Rutledge, TN 37861
There are two housing facilities on our 10-acre site with enough space to accommodate groups of up to 25 people. Each house has a main living area, toilet, and shower. All living quarters have central heating and cooling.