De las Escrituras de hoy: “Cuando el rey entró a saludar a los convidados vio entre ellos a un hombre que no iba vestido con traje de fiesta”. —Mateo 22, 11.
Para asistir al banquete celestial, se requiere una vestimenta adecuada. Los bautizados reciben una vestidura blanca, una costumbre que perdura desde la Iglesia primitiva.
Los catecúmenos de la antigüedad se despojaban de sus antiguas vestiduras, entraban en el agua y salían de ella revestidos de una nueva vestidura blanca. Este acto de despojarse y volver a revestirse simboliza el fin de la vida antigua y el comienzo de la nueva vida en Cristo.
Nuestra vocación bautismal consiste en conservar sin mancha, hasta el final, la vestidura bautismal que recibimos; esto significa perseverar en la fe y en las buenas obras. Así, estaremos debidamente vestidos para el banquete celestial.
Oremos: Padre celestial, ayúdame con tu gracia a llegar al banquete celestial con la vestidura bautismal sin mancha, para que pueda alabarte y glorificarte por siempre. Amén.

El autor de hoy es el diácono Scott Watford, coordinador pastoral misionero en la misión de Glenmary La Sagrada Familia, en el condado de Early, y en la misión de San Lucas, en el condado de Randolph, Georgia.
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