De las Escrituras de hoy: “Éste es el discípulo que atestigua estas cosas y las ha puesto por escrito, y estamos ciertos de que su testimonio es verdadero. Muchas otras cosas hizo Jesús y creo que, si se relataran una por una, no cabrían en todo el mundo los libros que se escribieran”. —Jn 21, 24-25.
Estos versículos finales del Evangelio de Juan presentan un poderoso contraste en cuanto a los llamados. Justo después de que Jesús le dice a Pedro: “Tú sígueme”, el enfoque se desplaza inmediatamente hacia el “Discípulo Amado”. Comienzan a surgir dos caminos: Pedro es el pastor enviado para guiar, mientras que el “Discípulo Amado” es el testigo enviado para preservar la verdad.
Esto nos revela una verdad profunda para nosotros hoy: la historia de Cristo no es un libro terminado. Cuando el Evangelio dice que el mundo no podría contener todos los volúmenes de las obras de Jesús, implica que la narrativa aún se está desarrollando. Nuestras vidas son esos “volúmenes no escritos”. Cada acto de misericordia y cada paso de fe sirven como una nueva página, documentando las “otras cosas” que Jesús está haciendo en nuestro mundo en este preciso momento.
Si tu vida fuera un libro que documentara la obra de Jesús Resucitado, ¿qué momentos maravillosos capturaría? ¿Qué verdad predicarían tus experiencias a la gente de hoy? ¿De qué maneras está revelando actualmente tu vida cotidiana la belleza de la Buena Nueva?
¡Escribe bien y edita a menudo!
Oremos: Señor, transforma nuestras vidas en un Evangelio viviente, para que, a través de nuestras manos y nuestros corazones, el mundo pueda saber que tú sigues muy presente en medio de nosotros.

El autor de hoy es Wilmar Zabala, consejero vocacional de Glenmary, quien ayuda a los hombres a discernir su llamado al servicio en las misiones nacionales.

