De las Escrituras de hoy: “Pero el Señor estuvo conmigo llenándome de fuerza, para que el mensaje fuera proclamado por medio de mí y llegara a oídos de todas las naciones; y quedé libre de la boca del león. El Señor me librará de todo mal y me salvará, llevándome a su reino celestial. A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén”. —2 Tim 4, 17-18.
Tras muchos años de exitosas carreras profesionales en el mundo secular, solicité un puesto de voluntariado misionero a tiempo completo en una organización de fe; fue un cambio enorme, pasando de mi situación anterior a un estilo de vida de sencillez y obediencia. Fue una peregrinación de humildad, un proceso lleno de gracia en el que la capacidad de amar se hizo más fuerte que el amor al poder. Me desprendí de muchas cosas materiales y renuncié al estilo de vida al que estaba acostumbrada.
Un día, el hermano Angelo, responsable de nuestra comunidad de voluntarios, me hizo ver algo importante: “No se trata de lo que regalaste o a lo que renunciaste. La pregunta es: ‘¿Has perdido el deseo de aquellas cosas de las que te desprendiste y a las que renunciaste?’”. ¡Con el tiempo pude responder a esa pregunta con certeza y alegría! Fue más que desprenderse de cosas o renunciar a ellas; lo que realmente significó fue que permití que Jesús me transformara. “El Poderoso ha hecho grandes cosas en mí; santo es su nombre”.
Oremos: Señor, ayúdanos a acudir siempre a ti con gratitud en todas las circunstancias.

La autora de hoy es Linda Crisostomo, evangelizadora laica de Glenmary que presta servicio en el condado de Martin, Carolina del Norte.
