De las Escrituras de hoy: “Ustedes son la sal de la tierra“. —Mt 5, 13.
Soy totalmente débil ante la sal. ¡Me encanta! Casi todas las noches, antes de mi rosario caminando, disfruto de unas palomitas de maíz con un poco de aceite de oliva y espolvoreadas con… mucha… sal. (Espero que mi médico no esté leyendo esto). Pero me encanta la sal. Me da miedo hacerme análisis de sangre para ver qué tal me salen los niveles de sodio.
Pero, al menos espiritualmente hablando, todos deberíamos amar la sal. Jesús quiere que, como sus seguidores, le demos sabor a este mundo. Queremos que los análisis de sangre del mundo digan: ¡Alto nivel de sodio!
Pero no podemos lograr esto sin cultivar nuestra propia relación con Jesús, asistiendo a la iglesia, recibiendo los sacramentos con regularidad, dedicando tiempo a su Palabra y sirviendo a quienes encontramos. Así es como mantenemos nuestra espiritualidad y compartimos esa esencia con el mundo.
Oremos: Señor, ayúdanos a ser auténticos.

El autor de hoy es el Padre Aaron Wessman, primer vicepresidente de Glenmary y autor del libro “La misión de la Iglesia en un mundo polarizado”.
