De las Escrituras de hoy: “Ustedes son estirpe elegida, sacerdocio real, nación consagrada a Dios y pueblo de su propiedad, para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable”. —1 Pe 2, 9.
¿Podría ser más clara la llamada universal a la misión que aquí, en la Primera Carta de Pedro? En la Iglesia de la Sagrada Familia en Blakely, Georgia, hay unas 50 familias registradas como miembros. La congregación incluye personas de la India, Vietnam, Guam, Filipinas, Kenia, México y los Estados Unidos. Este es el pueblo sacerdotal, la nación santa, la raza elegida, llamada por Dios para anunciar a Jesús como la Luz del Mundo a aquellos que se encuentran en la oscuridad. La oscuridad del racismo, el sexismo, el nacionalismo y el clasismo debe ser desafiada por la unidad y la diversidad del Cuerpo de Cristo.
El pueblo de Dios no se define por fronteras nacionales, sino por la realidad espiritual de nuestro bautismo y por la experiencia universal del amor y la misericordia de Dios. ¡Los bautizados de cada nación conforman la Nación Santa de Dios!
Oremos: Señor, dame el valor para proclamar a Cristo cada día y en todo lugar. Permíteme manifestar el amor y la misericordia de Cristo a todos, para que así todos puedan pertenecer al pueblo santo y elegido de Dios.

El autor de hoy es el Padre Esteban Pawelk, segundo vicepresidente y director del programa de noviciado de Glenmary.

