De las Escrituras de hoy: ”Cantemos al Señor un canto nuevo, que le cante al Señor toda la tierra; cantemos al Señor y bendigámoslo. Proclamemos su amor día tras día, su grandeza anunciemos a los pueblos, de nación en nación, sus maravillas”. —Sal 96, 1-3.
¡El Salmo 96 nos ordena CANTAR! Para gloria de Dios, debemos proclamar su bondad y sus bendiciones. La música es parte integral de nuestra adoración, no solo una hermosa interpretación para disfrutar. Nos congrega para ofrecer alabanza, expresar nuestra fe y asumir un papel activo en la liturgia. La música nos conecta directamente con Dios. No puedo imaginar celebrar el nacimiento de Cristo sin cantar villancicos navideños, ni su resurrección sin que los “Aleluya” resuenen por toda la Iglesia en Pascua. Los himnos de entrada y de salida —así como los del ofertorio y la comunión—, el salmo responsorial y cada oportunidad de cantar durante la Misa están ahí para acercarnos más a Dios como comunidad y elevar nuestras almas hacia su gloria. ¡Alabado sea Dios!
Oremos: Amado Dios, gracias por el don de la música para cantar tus alabanzas, ¡y gracias por tu bondad! Que nuestras voces se unan a las de los ángeles y los santos para glorificarte.

La autora de hoy es Chris Phelps, directora de Desarrollo de Misioneros Católicos Glenmary.
