De las Escrituras de hoy: “Después de escuchar las palabras del ángel, las mujeres se alejaron a toda prisa del sepulcro, y llenas de temor y de gran alegría, corrieron a dar la noticia a los discípulos. Pero de repente Jesús les salió al encuentro y las saludó. Ellas se le acercaron, le abrazaron los pies y lo adoraron. Entonces les dijo Jesús: ‘No tengan miedo’”. —Mt 28, 8-10.
El miedo y la preocupación son emociones poderosas que no solo pueden agobiarnos, sino que, en algunos casos, casi paralizarnos. ¿Acaso sorprende, entonces, que el saludo de Jesús resucitado sea: “No tengan miedo”? Los discípulos estaban paralizados por el miedo. Aún estaban conmocionados tras haber presenciado el destino de su amado maestro.
Tras puertas cerradas y con el corazón desconsolado, se reunieron confundidos y afligidos, sin saber qué les depararía el futuro. En medio de ese temor, Jesús instruye a María Magdalena y a la otra María a compartir con sus discípulos que se encontrarán con él, Cristo resucitado, lo cual transformará su temor en paz. Shalom: plenitud, restauración, la certeza de que Dios sigue presente incluso cuando todo lo conocido se tambalea.
Oremos: Jesús, mi Señor y mi Dios. Envía también tu Espíritu Santo sobre mí para que no me venza el temor, sino que experimente tu shalom.

El autor de hoy es el padre Dan Dorsey, presidente de Misioneros Católicos Glenmary.

