De las Escrituras de hoy: ”Al ver a la multitud, se compadeció de ella, porque estaban afligidos y abandonados, como ovejas sin pastor”. —Mt 9, 36.
Algo que siempre me resultó difícil cuando era una niña tímida era el contacto visual. Sin embargo, al crecer, me he dado cuenta de cuánto se puede comunicar con una mirada. Incluso cuando alguien se esconde tras una sonrisa, sus ojos a menudo revelan lo que sus palabras no dicen. Es un recordatorio poderoso de que las personas llevan consigo mucho más de lo que vemos a simple vista.
A menudo evitamos el contacto visual, no siempre de forma intencionada, sino porque no tenemos la energía para establecer una conexión auténtica con cada persona que nos encontramos. Inconscientemente, vemos problemas en lugar de personas.
En el Evangelio de hoy, Jesús siente compasión al ver a la multitud. No los evitó ni los consideró una molestia, sino personas necesitadas de guía.
Uno de nuestros deseos más profundos es ser verdaderamente vistos. Quizás parte de lo que hace que el contacto visual sea tan poderoso es que nos recuerda que somos más que un simple rostro entre la multitud. Y deberíamos tratarnos mutuamente como tales.
Oremos: Señor, concédeme la gracia de ver a mis semejantes no como extraños, sino como Tú los ves: como las ovejas de tu rebaño.

La autora de hoy es Lydia Roell, asistente ejecutiva del presidente y del primer vicepresidente de Glenmary.
