De las Escrituras de hoy: “Cosas abominables son el rencor y la cólera; sin embargo, el pecador se aferra a ellas”. — Eclesiastés 27, 30.
Esta lectura me recuerda a un personaje de un programa de TV que yo veía: “El Chavo del Ocho”. El Chavo le decía a su amigo Kiko que no pensara ni se aferrara a sentimientos que le hacían daño, porque recordar era volver a vivirlo.
Yo también, a veces, lucho por dejar ir las cosas que me han hecho daño, porque soltarlas significa perdonar. Perdonar es un acto sencillo, pero a veces nos gusta darle vueltas al asunto, y parece que cuanto más tiempo nos detenemos en ello, más difícil resulta hacerlo. Buscamos el perdón de los demás y de Dios, pero a veces actuamos como el siervo del Evangelio de hoy, que pidió perdón pero no estaba dispuesto a concederlo.
Oremos: Dios, busco el perdón por mis pecados y te pido que el perdón y la misericordia fluyan en mi corazón.

La autora de hoy es Lorena Reynoso, directora de educación religiosa en la parroquia San Miguel Arcángel, de Glenmary, en Erwin, Tennessee.



