De las Escrituras de hoy: ”Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el más grande y el primero de los mandamientos. Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. — Mat 22, 37-39.
Leí en alguna parte que existían más de 600 leyes en tiempos de Jesús. Se suponía que las leyes debían dar vida y bendiciones. Con tantas leyes que intentar recordar, parece una pregunta válida aquella que cuestiona cuál es la más grande o la más importante de cumplir. Pero Jesús lo simplifica aún más al decirnos que amemos a Dios y a nuestro prójimo. En esencia, no podemos hacer lo uno sin lo otro. Es algo sencillo, pero no siempre fácil de llevar a la práctica.
¿Cómo puedo encontrar tiempo para demostrar hoy mi amor a Dios dedicando un momento a la oración y para mostrar mi amor al prójimo? Y, como dice Mateo 25, mi prójimo son los pobres, los hambrientos, los sedientos, los forasteros, los desnudos, los enfermos y los encarcelados.
Oremos: Señor, tú sabes que te amo, aunque a veces no logre demostrarlo. Ayúdame a amar también a mi prójimo hoy y a atender sus necesidades de la mejor manera posible.

El autor de hoy es el hermano David Henley, misionero de Glenmary que trabaja en el condado de Martin, en Carolina del Norte.



