De las Escrituras de hoy: “Que tus fieles griten de alegría”. — Sal 132, 9.
Hoy celebramos una gran fiesta en la Iglesia, una solemnidad en la que conmemoramos que la Virgen María fue tan santa a los ojos de Dios que Él no permitió que su cuerpo sufriera la corrupción, ni siquiera en la muerte. Después de todo, este fue el cuerpo que albergó el cuerpo de nuestro Señor. Es un signo de nuestra propia resurrección: la vida de Dios en nosotros que conduce a la vida eterna.
Pero no olvidemos a la sencilla mujer de Nazaret, una viuda que vivió una vida tan normal, alegre y llena de oración. Hoy en día, los peregrinos acuden a Ein Karem —hogar de su prima Isabel, cerca de Jerusalén— para celebrar este acontecimiento. Es el gran misterio, el momento de fe y de encuentro con la gracia salvadora de Dios. Incluso el niño en su vientre, Juan el Bautista, saltó de alegría. No olvidemos esto mientras aguardamos nuestra propia resurrección. ¡Hoy deberíamos estar gritando de alegría!
Oremos: Señor, enséñame hoy a vivir mi fe con alegría. ¡Dame la gracia de dejar atrás el semblante amargado y abrazar la sonrisa!

El autor de hoy es John Feister, exdirector de Comunicaciones de Glenmary, quien actualmente escribe una novela ambientada en los Apalaches.



