De las Escrituras de hoy: “Fui, pues, a la casa del alfarero y lo hallé trabajando en su torno. Cuando se le estropeaba la vasija que estaba modelando, volvía a hacer otra con el mismo barro, como mejor le parecía”. — Jer 18, 3-4.
Cuando leí por primera vez este pasaje de las Escrituras, vino a mi mente el himno “Abba, Padre” —cantado tan frecuentemente—, que habla de Dios Padre como el alfarero, de la humanidad como la arcilla y de nuestra oración para ser moldeados y formados a imagen de Jesús.
Existen otros muchos himnos que hacen referencia a este importante pasaje de las Escrituras, cada uno con su propio mensaje que invita a la reflexión. Sin embargo, al leer esta versión del pasaje bíblico, me llamó la atención cómo Dios, el Alfarero, vuelve a intentarlo cada vez que cometemos un error o nos apartamos de Él.
Dios no solo nos moldea para que seamos dignos de su gloria, sino que jamás se rinde con nosotros. Espero que esto te inspire, al igual que a mí, a seguir levantándonos e intentándolo de nuevo cada vez que pecamos y no alcanzamos la meta a la que Dios nos invita a aspirar. Ciertamente, somos obra de tus manos, Padre; moldéanos y transfórmanos a imagen de tu Hijo, Jesús.
Oremos: Te alabamos, Padre, por tu disposición a intentarlo de nuevo cada vez que no logramos ajustarnos a tu plan divino para nuestras vidas.

La autora de hoy es Julia Sauter, miembro del equipo de Desarrollo de Glenmary. Julia tiene una maestría en Ética y Teoría Social de la Graduate Theological Union de Berkeley, California.



