De las Escrituras de hoy: “… el Señor es único y que no hay otro fuera de él, y amarlo con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, vale más que todos los holocaustos y sacrificios”. —Mc 12, 32-33.
En esta enseñanza del Evangelio de Marcos, Jesús revela que el corazón de la vida cristiana es el amor total al único Dios verdadero, vivido con todo nuestro ser: corazón, mente y fuerzas. Como católicos, este llamado se cumple a través de una vida de oración, la participación en los sacramentos y el crecimiento diario en nuestra relación con Dios, quien es el único digno de nuestra plena devoción. Este amor nunca es aislado, sino que necesariamente desborda hacia el amor al prójimo —especialmente en actos de misericordia y servicio—, haciendo de nuestras vidas un testimonio visible de la presencia de Dios en el mundo.
Oremos: Señor, Dios nuestro, Tú eres uno solo y no hay otro fuera de Ti. Ayúdanos a amarte con todo nuestro corazón, mente y fuerzas, y a amar al prójimo como a nosotros mismos mediante una adoración fiel, una vida sacramental y actos de misericordia, para que nuestras vidas den testimonio de tu amor en el mundo.

El autor de hoy es Joe Grosek, director del programa de voluntariado de Glenmary en Joppa Mountain, Tennessee.
