De las Escrituras de hoy: “Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero cuanto más se lo mandaba, ellos con más insistencia lo proclamaban”.—Mc 7, 36.
A menudo me he preguntado por qué Jesús a veces les decía a las personas que no divulgaran la noticia de sus curaciones milagrosas. Sabemos, por las Escrituras, que enormes multitudes lo encontraban dondequiera que iba. Así que tal vez intentaba evitar demasiada publicidad. Después de todo, el objetivo principal de Jesús era predicar hasta que llegara el momento señalado para su muerte y resurrección. O tal vez Jesús no quería que la gente lo confundiera con un hechicero o mago. Estas curaciones debían ser señales de Dios. En última instancia, la gente estaba tan emocionada por compartir la buena noticia que simplemente no podían guardársela para sí mismos.
Deberíamos estar tan emocionados de compartir las buenas nuevas como lo estaban las personas hace 2000 años.
Oremos: Que mi entusiasmo y celo por el Señor sean evidentes para quienes me rodean hoy.

La autora de hoy es Lindsay Braud, directora de comunicaciones y mercadeo de Misioneros Católicos Glenmary.
