De las Escrituras de hoy: “Por amor a mi siervo, David, y a Jerusalén, mi ciudad predilecta, le dejaré a tu hijo una tribu”. —1 Rey 11, 13.
El Señor da y el Señor quita, pero nunca abandona a su pueblo. Salomón aprendió esta lección de la manera difícil cuando decidió apartarse de Dios. Sin embargo, en su misericordia, Dios no le quitó a Salomón (y por lo tanto a David) toda su herencia. Dios reservó una tribu que eventualmente conduciría al nacimiento de Jesús. Incluso si nos apartamos de Dios, Él está allí esperando nuestro regreso, guardando para nosotros gracia y misericordia.
Oremos: En tu misericordia, oh Señor, siempre has permanecido fiel a tu pueblo. Ayúdame a recordar que mi esperanza está en ti.

La autora de hoy es Lindsay Braud, directora de comunicaciones y mercadeo de Misioneros Católicos Glenmary.
