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Reflections of a Missioner |
By Brother David Henley |
October 2007
Una Misión Nueva un Trabajo Nuevo
Glenmary Home Missioners me mandó a servir en la parroquia de San Andrés localizada en el pueblo de Danville, Arkansas. Al llegar a una misión nueva, el primer paso es conocer a la gente. Danville es un pueblo chiquito, alrededor de dos mil quinientos personas, la mitad de la población siendo inmigrantes. Hace diez años no celebraron ni la santa misa ni los sacramentos en Danville. Cuando llegaron los inmigrantes, la comunidad católica creció. Unos animadores en la comunidad empezaron a organizar a la gente e invitaron a un sacerdote para venir a celebrar la misa en una casa. Padre Neil de Glenmary Home Missioners llegó en 2003 y después de unos años sin hogar permanente, la comunidad construyó el templo cual fue dedicado en enero de 2006. Hoy día celebramos la santa misa en español todos los domingos con doscientos cincuenta personas.
Mi participación en las actividades de la parroquia me da la oportunidad para conocer poco a poco a la gente. Me tocó ser líder del grupo de jóvenes que varía entre seis y veinte personas. La tarea mia es planear actividades con ellos con el propósito de animarlos todos los domingos. También organizo y formo a las maestras de catecismo. Por primera vez tenemos un programa de catecismo en la parroquia, y entonces es la primera vez para la mayoría de las maestras. Todos los sábados les voy a dar temas a ellas y el próximo domingo vamos a empezar las clases de catecismo con los niños. Tenemos 15 maestras que se están preparando para ser catequistas. No estamos seguros de cuantos niños van a llegar pero yo creo que alrededor de 120 llegarán.
Otra novedad es que tengo un trabajo adicional. ¿Cómo? Déjeme explicar. Yo no necesito el dinero, y en verdad, mi sueldo es para Glenmary. Sin embargo, los Glenmary Home Missioners somos una congregación de misioneros. Para nosotros la comunidad que servimos no solamente es la comunidad católica, los que llegan a la misa, sino toda la gente en el área. Entonces no solamente esperamos en el templo hasta que llegue la gente; salimos a buscar. Para mi, la manera mejor para conocer a la gente es visitar las casas, participar en la vida, etcétera. Y aquí en Danville el lugar para conocer a la mayor cantidad de gente lo más rápido es en la planta. Por eso. conseguí un trabajo dentro de la planta para estar juntos con la gente. Jesús también no solamente esperaba a la gente en las sinagogas sino andaba con ella. Él subió en la barca con los pescadores y fue a pescar con ellos antes de llamar a Simón, Santiago y Juan. (Lucas capitulo 5)
Aquí en Danville no hay pescadores, las plantas más grandes son las polleras. En la planta donde estoy trabajando hay más que quinientos empleados. Llegan miles de pollos diariamente cuya carne preparemos. No es un trabajo muy lujoso, siendo en verdad muy sucio, duro y pesado, pero estoy en la línea a lado de la gente. La mayoría de la gente en la planta es hispana, pero también hay unos refugios de Asia y unos Americanos. Para mi la vocación de un Hermano es caminar en solidaridad con la gente. Y trabajando juntos con muchas personas quiero ser una presencia de la iglesia católica en el trabajo. Anteayer hablé por teléfono con una maestra de catecismo y en vez de decirle, “Platicamos más domingo después de la misa”, yo podría decirle, “Nos vemos en un rato en el trabajo y te traigo los papeles.” Yo sé que estoy en un buen lugar porque el otro día cuando hablé con un Americano en la planta, él me dijo, “Usted es el primer católico que conozco.” Si él hablara español, conocería doscientos más católicos, los que trabajan al su lado en la planta. Otra razón que trabajo allá es que las compañías grandes son conocidas por los abusos de derechos, y por eso yo quiero conocer la realidad de adentro. En el próximo artículo voy a escribir más detalles del trabajo y de los abusos contra los derechos de los trabajadores.
No sé si voy a dedicarme a trabajar seis meses en la planta, un año, o más, pero por ahora es mi puesto de lunes a viernes. Cuando Jesús dijo, “Vayan, pues, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos” (Mt. 28:19), no excluyo la clase obrera en las polleras. La iglesia tiene que conocer a toda la gente y llevar la buena nueva a todos partes. Las palabras del Monseñor Romero me han influido mucho y una vez él definó la opción preferencial por los pobres así, “Conocer los mecanismos que engendran la pobreza, luchar por un mundo más justo, apoyar a los obreros y campesinos en sus reivindicaciones y en su derecho de organización, estar cerca de la gente” (Homilía 6 de agosto, 1979).
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